Muchas veces pensamos que si otro nos quiere vamos a ser felices, y que
si no nos quieren o no nos valoran la vida deja de tener sentido.
Ponemos nuestra felicidad, nuestra realización, en manos de otros.
¡Hasta de desconocidos! Eso nos transforma en verdaderos discapacitados
emocionales, y nos lleva a mendigar atención y cariño de forma
constante. ¿Te suena conocido? ¿Sabes que pasa? ¡Es lo que te enseñaron
desde que eras un chico! Te formatearon con esa idea: "Un día llegara el
príncipe...". La realidad es dura.
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