viernes, 4 de mayo de 2012

Muchas veces pensamos que si otro nos quiere vamos a ser felices, y que si no nos quieren o no nos valoran la vida deja de tener sentido. Ponemos nuestra felicidad, nuestra realización, en manos de otros. ¡Hasta de desconocidos! Eso nos transforma en verdaderos discapacitados emocionales, y nos lleva a mendigar atención y cariño de forma constante. ¿Te suena conocido? ¿Sabes que pasa? ¡Es lo que te enseñaron desde que eras un chico! Te formatearon con esa idea: "Un día llegara el príncipe...". La realidad es dura.

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