Es increible hasta qué punto la codicia, la envidia, la petulancia, la
avidez y, en general, todo ese conjunto de atributos que forman la
condición humana pueden verse en una cara, en una manera de caminar, en
una mirada. Sé que esto es una muestra de soberbia y sé, también, que mi
alma ha albergado muchas veces la codicia, la petulancia, la avidez y
la grosería. Uno se cree a veces un superhombre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido.
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