lunes, 24 de septiembre de 2012
¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿Realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verlo como una figura silenciosa e intocable... No, ni siquiera ese muro era siempre así. A veces volvía a ser piedra negra y entonces yo no sabia que pasaba del otro lado que era de él en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otra y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: El mio.
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